top of page

Descargo de responsabilidad

  • Writer: SyG
    SyG
  • 8 hours ago
  • 5 min read

Cada vez que ocurre una nueva ola de testimonios y denuncias, quiero escribir y contar esta historia. Sin embargo, me quedo pensando en la mejor forma de narrarlo para no ponerme en una situación en la que puedo ser duramente juzgada, o quizá porque, a veces, siento que lo que me ocurrió no fue lo suficientemente grave como lo que pasa a diario a otras mujeres, en todas partes.


Hoy decido hacer este descargo de responsabilidad.


Tenía 15 años y él tenía 23. Fui por voluntad propia al lugar donde ocurrió. Y, cuando todo pasó, me paralicé por completo, tuve tanto miedo que no fui capaz de decir nada, solo lo permití. Una persona en la que creía confiable estaba haciendo algo que me incomodaba profundamente y yo no fui capaz de decir nada, ni gritar, ni moverme, ni actuar, solo dejé que usara mi cuerpo como una marioneta, sin expresión, ni reacción. Todavía, puedo acordarme el pánico que sentía hacia esta persona desde mucho antes. Aun así, siempre terminaba creyendo en él.


La única forma de lidiar con las noches de ansiedad, una mezcla de pavor, horror y desconexión total -porque además nunca había tenido una experiencia sexual antes-, fue convencerme a mí misma de que era lo suficientemente adulta para tomar esa decisión, de que yo lo quise, lo busqué y lo consentí, de que el terror profundo que sentía y las noches de desvelo eran normales, y de que debía enfrentar las consecuencias de mis actos. 


Era una “mujer” de 15 años lo suficientemente “madura”, como para haberme puesto en esa situación con un adulto mucho mayor que yo, al que consideraba “mi amigo”. No podía lidiar con la posibilidad de ser una víctima, más en un tiempo en que no se hablaba de eso como ahora. Me helaba la sangre pensar que “me expuse”, que no fui lo suficientemente inteligente o valiente o fuerte para decir que no. Y me parecía mucho peor aceptar que la razón por la que no hice nada de eso es porque no pude.


Unos días después, también tuve que convencerme de que era una “mujer fácil” porque, además de todo, él se encargó de divulgarlo. Yo solo lo aceptaba, con una secreta repugnancia, porque tenía más sentido para mí ser una perra, que una tonta. Y no me tomen por el lado equivocado, hoy me tiene sin cuidado que me consideren una perra (o el concepto al que socialmente se asocia esa palabra), es bastante seguro que lo soy, pero esos tiempos eran diferentes.


En los 20 años que han pasado, la vida me ha puesto a esa persona en el camino varias veces y me da un poco de vergüenza aceptar que en algunas ocasiones caí en la manipulación de sentir pena o lástima por él, de considerarlo mi amigo, de dejarlo entrar en mi casa, y de justificarlo diciéndome que no creía que fuera consciente de lo que hizo y de lo que causó. Sí, un adulto que toda la vida ha manipulado todo a su antojo, al que no le importa decir lo que sea por obtener lo que quiere, y para quién no existe la lealtad, ni el cuidado.


Y lo peor es que -aún hoy- pienso que él no tendría la valentía de mirarse a sí mismo y asumir su propia responsabilidad, aunque sea por el simple hecho de ser honesto con su persona. Porque para estos hombres es más fácil convencerse de que "ellas lo querían " y de que seguramente hubieran podido llegar más allá, si todo hubiera ocurrido en un recinto cerrado. Y- aún hoy- lo recuerdo como si fuera ayer, erecto, pasando sus manos por todo mi cuerpo, mientras yo temblaba espantada, asociando todo lo que sabía del placer con el miedo.


Tardé 10 años en aceptar que nunca quise estar ahí, en transitar y reconocer la frustración, y me volví de nuevo una niña asustada e indefensa que no era capaz de nombrar lo que pasó.  Tardé otros 10 en entender lo que él me quitó. Porque hoy, a mis 35 años, cuando trato de disfrutar libremente mi sexualidad, con la misma libertad que me he permitido, no dejo de asociar el placer con el terror, no logro soltar el control y confiar en las otras personas, no dejo de creer que, si me dejo llevar por el momento, me harán un daño profundo, que, a veces, pareciera irreversible.


Y mientras él vive su vida, tranquilo, sin entender lo que vulneró, yo sigo recordándolo, con repulsión e indefensión. Tal vez, no logre nada con esto, pero hoy me quito la tarea de seguirlo cargando.

 Y si sirve para alguien, chicas, el saber que no es su culpa, que no deberían seguir llevando a cuestas esa maleta tan pesada, les pido encarecidamente que la suelten. No todos los abusos son iguales y la sociedad no está totalmente dispuesta a entenderlo, pero no existe ninguna justificación posible que nos pueda obligar a seguirnos autoflagelando e hiriendo.


Hoy hablo desde una de mis vulnerabilidades y miedos más profundos porque NO es justo que sigamos callando por miedo a lo que piensen de nosotras, por falta de entendimiento, porque siempre se nos va a reclamar por cómo nos vestimos, a dónde fuimos o por qué no dijimos que no, aunque fuéramos menores de edad, solas y muertas de miedo, en un lugar público y solo. Lo digo porque quiero que sepan que en este espacio del mundo hay alguien que pasó lo mismo, que se ha quedado con la carga a través del tiempo, y que cuando uno no lo enfrenta, no se va.


Lo digo por esa niña, llena de ilusiones sobre el amor, el placer y el sexo, que murió un poco ese día.


También lo digo porque quiero que esa persona, sea donde sea que esté, si llega a leer esto, sepa que es su responsabilidad, no la mía, y que lo que uno hace tiene consecuencias, a través del tiempo. Que sepa que es una persona horrible, pero que lo dejo ir; que espero no volver a verlo nunca, ni sentir empatía por él, ni preocuparme por él, ni sentir miedo a su alrededor, ni odiarlo más, porque todo eso le ha dado poder sobre mí.


Lo digo porque se necesita empezar a construir mundos más amorosos y afectivos donde podamos soltar lo que dolió y hablar a otras para que también se sientan seguras de hacerlo.


Hoy me descargo de esta responsabilidad porque es lo único que puedo hacer por mí.


Hoy me enfrento a las opiniones de otros porque prefiero que el odio esté afuera y no adentro.


Hoy lo digo, así no llegue lejos, para que ella, esa niña indefensa, sepa que su miedo sirvió para algo y que -siempre sí- es una persona valiente.

Comments


    bottom of page